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Tribuna libre   24/10/2018 (09:07 horas)

Fiesta de La Cruz
DiarioElHierro, Valverde.- ''Las jóvenes, de cada uno de esos lugares, adornaban su Cruz con el máximo secreto y se esmeraban, lo más posible, tratando de que superara en belleza a las otras dos. Las Cruces eran decoradas artísticamente con todo tipo de adornos: frutas, flores, sedas y joyas que le eran pedidas prestadas a los vecinos. Actualmente, se continúa practicando esa antigua costumbre y se siguen vistiendo de manera parecida aunque las flores y frutas ya no son utilizadas''.
Por Armando Hernández Quintero
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La fiesta de La Cruz se ha celebrado desde tiempos antiquísimos en el pueblo de El Pinar. Hasta el comienzo de la Guerra Civil se vestían las cruces de Taibique, El Gusano y Las Casas.

Las jóvenes, de cada uno de esos lugares, adornaban su Cruz con el máximo secreto y se esmeraban, lo más posible, tratando de que superara en belleza a las otras dos. Las Cruces eran decoradas artísticamente con todo tipo de adornos: frutas, flores, sedas y joyas que le eran pedidas prestadas a los vecinos. Actualmente, se continúa practicando esa antigua costumbre y se siguen vistiendo de manera parecida aunque las flores y frutas ya no son utilizadas.

El día tres de mayo las tres Cruces, acompañadas por sus respectivos tocadores y bailarines, salían rumbo a la iglesia. La de Taibique con la de El Gusano se encontraban en El Mentidero, y después las dos eran llevadas en búsqueda de la de Las Casas, sincronizando la marcha de tal manera que se consiguieran en el Pino del Granadillo donde está la raya simbólica que separa a los dos caseríos. A continuación las tres, con los tocadores y bailarines, se dirigían hacia la Iglesia. Después de los oficios religiosos y la procesión, las Cruces de El Gusano y Taibique se quedaban en la plaza de la Iglesia, y los vecinos y bailarines de Las Casas se llevaban la suya para la plaza de su localidad.

En la tarde, tanto en Taibique como en Las Casas, Las Cruces eran ubicadas en unas mesas que habían sido cubiertas con rica mantelería. Las plazas habían sido adornadas previamente con banderines, ramos, piñas, fuentes, enredaderas y árboles en los cuales se habían colocado nidos de aves. En las mesas donde se ubicaban Las Cruces se ponían bandejas con las primeras frutas del año: brevas de Iramas y Tacorón, y nísperos.

La fiesta continuaba con los toques y bailes típicos, y con la participación de todas las personas que lo desearan, fueran o no de la localidad. Nunca faltaba el baile del tango y el canto de la meda que se comenzaba con el estribillo “Al píe de la Cruz me muero/ que dichosa- muerte espero” o “Al píe de La Cruz María, sale el sol y pone el día”, que se proseguía hasta que los improvisadores se cansaban o acordaban darle fin. José Padrón Machín cuenta que en el día de La Cruz del año 1933 fue la última vez que vio bailar el tango como realmente era.

La fiesta de La Cruz duraba varios días en los cuales los que vivían en El Gusano, los judíos, no podían pasar, después del medio día, por Taibique, los moros, y viceversa. La raya o linda que dividía las dos partes del pueblo era el callejón de tío Eloy. Los que no respetaban la norma eran hechos prisioneros y llevados a la plaza de la iglesia, si los agarraban en Taibique, y allí los retenían amarrados.

Les ponían una mesa servida con dulces y exquisiteces, hasta que fueran a rescatarlos con fusilería y recitando “lobas” alusivas al hecho. Lo mismo les sucedía a los que vivían en Taibique si pasaban por El Gusano, eran hechos prisioneros y retenidos en El Mentidero. En Las Casas la división era entre los de El Bardito, los moros, y los de La Plaza, los judíos, el resto de la celebración era semejante a la de Taibique.

Al comenzar la guerra fueron eliminados los elementos de carácter profano, división de los caseríos entre judíos y moros, que finalizaba con el triunfo simbólico de La Cruz y la unión y hermandad de todos los vecinos alrededor de ella, y se dejó de vestir La Cruz de El Gusano.

Posteriormente, se han seguido vistiendo una en Taibique, que ahora representa a todo el caserío y la de Las Casas. Por la mañana el rito sigue siendo el mismo, La Cruz de Taibique va al encuentro de la de Las Casas y después las dos se dirigen a la iglesia para la celebración de la misa y la procesión por las calles de Taibique, acompañadas por la virgen de La Paz. En la tarde se han introducido algunos cambios, las dos cruces son llevadas a la plaza Matías Padrón en el Centro Cívico y allí se continúan los toques y bailes con la participación de todo el que quiera y desee hacerlo, sin tener en cuenta su edad, sexo, lugar de origen, estado civil, conocimiento de los bailes o la manera como va vestido.

Los bailes se prolongan hasta el anochecer, cuando las cruces son devueltas acompañadas por el pueblo, que va tocando y bailando, a sus respectivos lugares de origen, la casa fueron vestidas, primero a Las Casas donde se les canta la meda en la plaza, y después a Taibique.

En la fiesta de La Cruz, a pesar de los cambios que se han introducido, la tradición se hace presente y se expresa con toda su añeja y espontánea belleza, y a la vez permite que, en la medida que se visualiza y corporiza, al ser escenificada cada año por diferentes actores, estilos de baile, vestuarios y canticos, se despliegue y exteriorice la modernidad, la que a su vez, al mismo tiempo que se manifiesta se convierte en tradición.

Por otro lado, la espontánea y alta participación del pueblo, la aleja, diferencia y contrasta con las fiestas espectáculos que tanto abundan, realizadas muchas veces por instituciones oficiales o por personal contratado, con el propósito de que sean contempladas como si de un pasatiempo más se tratara.

Para los que han permanecido fuera del pueblo por mucho tiempo, asistir a una fiesta de La Cruz es algo semejante a contemplar el campo repleto de yerbas, flores, pinos, almendreros e higueras cuya visión y aromas le permiten reencontrarse con la esencia del sentir y la manera de ser del pueblo piñero, y de sí mismo.

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