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SOCIEDAD   23/7/2019

Charles Daville Wells, el británico que hizo saltar la banca del Casino de Montecarlo por una mujer
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El Casino de Montecarlo está considerado como uno de los principales centros turísticos del mundo. Este prestigioso complejo de ocio está diseñado por el famoso arquitecto francés Charles Garnier, quien también diseñó la Ópera de París, y cuenta con el característico estilo de la Belle Époque de corte imperial.

Desde su inauguración en 1863, este lugar se ha convertido en uno de los grandes atractivos turísticos del Principado de Mónaco. Actualmente es propiedad de la Société des Bains de Mer, una empresa pública en la que el Gobierno de Mónaco cuenta con una participación mayoritaria, y tiene la oferta de juegos de azar más completa de Europa.

Cada año, millones de personas, especialmente de clase alta, acuden al Casino de Montecarlo para disfrutar de su tiempo de ocio mientras se entretienen con la amplia variedad de juegos de azar presentes en este establecimiento. Un ocio del que no pueden disfrutar los ciudadanos del Principado de Mónaco, debido a que tienen prohibida la entrada a cualquier sala de juego.

De esta forma, el casino está reservado exclusivamente para los turistas. Extranjeros como el inglés Charles Deville Wells, conocido como el jugador que hizo saltar la banca del Casino de Montecarlo, ya que llegó a Monte Carlo en 1891 con 4.000 libras (hoy en día unas 400.000 libras) y terminó ganando cuatro millones.

Un inventor frustrado

Charles Daville Wells nació en 1841 en Broxbourne, una ciudad de cercanías en Hertfordshire, Inglaterra, aunque pasó gran parte de su infancia en Marsella, ciudad francesa donde su padre trabajaba como profesor de inglés. Desde pequeño siempre había mostrado un gran interés por todo lo relacionado con la mecánica, por lo que decidió ser ingeniero e inventor.

A lo largo de su vida registró un total de 192 patentes, con artilugios tan curiosos como un limpiafondos para los barcos que funcionaba cuando estaban en movimiento o una especie de carro de la compra combinado con un bastón para caminar. Cualquier artilugio innovador captaba la atención de la burguesía europea en la época de los inventos.

Los artilugios diseñados por Charles Daville Wells no tuvieron el éxito esperado entre los burgueses. Con 40 años, el inventor nacido en Broxbourne estaba casado y tenía una hija de 13 año, aunque sentía que no había conseguido nada en la vida con su trabajo, por lo que decidió recurrir a otros métodos para ganarse la vida. Regresó a Inglaterra y comenzó a poner anuncios en los periódicos con la esperanza de captar la atención de algún empresario rico, especialmente aquellas personas que habían ganado grandes cantidades de dinero durante la Revolución Industrial, para financiar económicamente inventos ficticios. Una estafa con la que consiguió el equivalente actual a dos millones de libras.

La mujer que cambió su vida

Asustada por los nuevos negocios de su marido en Inglaterra, su esposa regresó a Francia junto con su hija. En 1890, Charles Daville Wells conoció a Jeannette Pairis, una modelo de jóvenes artistas, y la mujer que cambió su vida para siempre. Esta modelo, que tenía 30 años menos que él, se convirtió en la gran obsesión del inventor británico, ya que desde que la conoció dedicó el resto de su vida a satisfacer las extravagantes exigencias de esta joven de 21 años. A pesar de la fortuna que había conseguido con los anuncios de los periódicos para inventos ficticios, Wells no había cambiado sus hábitos, incluso seguía vistiendo habitualmente un traje viejo. Sin embargo, a Jeannette le gustaba el lujo, por lo que siempre le estaba pidiendo las joyas y la ropa más cara.

Wells buscó todas las formas de complacer e impresionar a Jeannette. Finalmente, el inventor británico decidió adquirir un viejo barco de carga apodado Tycho Brahe con el objetivo de convertirlo en el séptimo yate más grande el mundo. Como no tenía dinero suficiente para financiar esta gran inversión, Wells acudió al Casino de Montecarlo en el verano de 1891, ya que en esa época no existía todavía ningún casino online regulado como tienen la suerte de tener en la actualidad los jugadores españoles, para conseguir el dinero necesario para su nuevo proyecto.

El salto a la banca del Casino de Montecarlo

El inventor británico llegó al Principado de Mónaco con 4.000 libras en el bolsillo. Un dinero que se jugaba alternativamente a la ruleta y a las cartas, como cuenta el escritor Robin Quinn en el libro 'The Man Who Broke the Bank at Monte Carlo: Charles Deville Wells', Gambler and Fraudster Extraordinaire’.

De hecho, esta obra recoge el testimonio de un observador que describió la situación como una absoluta imprudencia por parte de un millonario que sólo quería deshacerse de su dinero. Sin embargo, Wells tenía clara su estrategia. Se sentaba en una mesa de juego del casino y permanecía en ella durante todo el día, sin detenerse nunca, ni siquiera para comer o beber. Todo ello rodeado siempre de una decena de espectadores que le acompañaban intentando copiar sus apuestas.

Esta fue su rutina durante cinco días consecutivos en el prestigioso Casino de Montecarlo. Cuando cerraba el establecimiento de juego, Wells regresaba a su habitación del hotel con sus ganancias del día y las guardaba en la almohada de la cama antes de descansar para volver al casino a la hora del almuerzo del día siguiente.

Durante una sola sesión de ruleta, el británico llegó a ganar, contra toda probabilidad, en 23 de los 30 giros sucesivos de la rueda. En el periodo de tiempo que estuvo en el Principado de Mónaco, Wells transformó sus 4.000 libras en cuatro millones, una auténtica fortuna en aquella época.

Más allá de esos beneficios, Charles Deville Wells ha pasado a la historia como el hombre que hizo saltar la banca del Casino de Montecarlo. En una de esas cinco jornadas, el británico limpió una mesa de juego, dejando al casino sin reservas de dinero, lo que obligó al establecimiento de juego a suspender el juego y buscar más efectivo en la caja fuerte del hotel.

Todo ello mientras se cubría la mesa con una tela mientras llegaba esa remesa de dinero para que los jugadores pudieran seguir jugando. Con las ganancias que obtuvo en el casino, Wells pudo pagar la renovación completar del Tycho Brache, incluidos los uniformes de las 18 personas que formaban la tripulación. A pesar de cumplir su objetivo, el británico nunca pudo satisfacer todas las demandas de lujo de Jeannette, por lo que terminó cumpliendo largas penas de prisión por una serie de estafas.

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