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Tribuna libre   21/5/2020 (07:47 horas)

El tres de mayo en El Pinar, La Cruz en el corazón
Por Armando Hernández Quintero
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Al igual que se ha venido haciendo desde tiempos inmemoriales El pueblo piñero: muchachas, bailarines y autoridades, se estaban organizando para llevar a cabo y celebrar la fiesta de La Cruz.

Sin embargo, en esta oportunidad los deseos se han visto frustrados al decidir las autoridades su suspensión, debido a haberse detectado en la isla la presencia del mortal coronavirus , y las medidas de prevención sanitaria de aislamiento y confinamiento domiciliario ordenadas y puestas en vigor para evitar su propagación. Se debe decir, que dichas medidas fueron acatadas y cumplidas con ejemplaridad, lográndose evitar que el mortal virus se expandiera y llegara al pueblo.

El día tres de mayo, día de La Cruz, a las once de la mañana, el alcalde del municipio Juan Miguel Padrón Brito se dirigió por megafonía al pueblo para recordar la importancia religiosa, histórica y social de la fiesta y lo arraigada que está en el corazón de los piñeros.

A su vez, se refirió a las circunstancias especiales por las cuales se estaba pasando que habían imposibilitado su celebración. También, felicitó al pueblo por su cívico comportamiento al acatar con ejemplaridad las normas puestas en vigor. Y finalizó su intervención haciendo un llamado para que se siguieran respetando las disposiciones tomadas por los organismos públicos con el fin de evitar la propagación de la enfermedad y contribuir a su control y erradicación de la isla.

Sin embargo, y a pesar de las penosas circunstancias, el pueblo piñero ya había decidido conmemorar a su modo esa fecha. De tal manera, que no pasara desapercibida y mucho menos ignorada. Por ello a partir del momento que la fiesta fue oficialmente suspendida comenzó a propagarse el rumor de que en cada casa se vistiera o adornara una Cruz.

Se debe decir que antiguamente en las viviendas se ponían cruces que recordaban a las personas que habían fallecido en ellas, y que esas cruces se adornaban con flores el día tres de mayo.

Pues bien, retomando en parte esa antiquísima y ya no practicada tradición, aunque no olvidada, numerosas familias de La Restinga, Taibique y Las Casas adornaron y expusieron, para que pudieran ser contempladas las cruces que tenían en sus viviendas o elaboraron para la ocasión, en total fueron más de ciento sesenta las que fueron expuestas, la cantidad no es exacta puesto que pudieron ser más.

Dicha cifra nos da una idea de la arraigada que esa conmemoración está en los corazones de la comarca piñera, Pudiendo decirse con propiedad que ya ha pasado a formar parte del inconsciente colectivo de los habitantes del sur de la isla.

Por cierto, esta sería una buena oportunidad para que las autoridades municipales apoyaran esa iniciativa popular. De tal manera, que se siga repitiendo todos los años, y llegue de nuevo a formar parte de la fiesta, lo que la haría mucho más participativa de lo que ya es, reforzando y enriqueciendo de esa manera la tradición, y por supuesto, haciéndola mas piñera.

El día de la fiesta, después de las palabras del alcalde, y sin previo aviso, de repente comenzaron a oírse, procedentes de La Restinga, El Charcantón, El Gusano, Las Paredejas y el Pino del Granadillo, los agradables y celestiales sonidos de las chácaras, pitos y tambores. Primero como una hermosa sordina llevada por la brisa, y posteriormente con toda la fuerza de un vendaval que procedente de varios lugares iba metiéndose por las calles, caminos, campos y casas, llenándolo todo del espíritu festivo y de la alegría que la música, los recuerdos y la nostalgia generan.

También creemos que se debe señalar que a pesar de los deseos y de las ganas de saltarse las normas sanitarias establecidas, el pueblo piñero en todo momento las respetó, aún sabiendo que la pandemia estaba controlada y que en el municipio de El Pinar no se había detectado, en ningún caso, la presencia del virus. Sin embargo, hubo personas que no pudieron reprimir el deseo de bailar y lo hicieron tal como estaban vestidos. Eso sí, manteniendo la debida distancia con los otros bailarines, y evitando todo tipo de contacto físico por pequeño que fuese.

Finalizamos esta nota felicitando al pueblo piñero por su ejemplar comportamiento, y por su ingenio e inventiva a la hora de arreglárselas para seguir manteniendo vivo, a pesar de las penosas circunstancias, el espíritu de esa fiesta tan querida, amada y deseada por nuestros antepasados, y por nosotros.

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