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    El Hierro  -  Año: 17  - Número: 5733

Director: Sergio Gutiérrez

25 DE FEBRERO 2021  -  Actualizado a las 15:51 h.

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Por José Manuel Cabrera Zamora 8 comentarios

Es harto conocido que el fanatismo, tanto religioso como político, no tiene límites. Llega a producir daños irreparables, porque para un fanático no hay medias tintas: o estás con él o eres su enemigo. Por fanatismo, atentaron contra los Estados Unidos, produciendo más de tres mil muertos y más de seis mil heridos.

Por fanatismo, un grupo de desalmados colocó las bombas en los trenes de Madrid, provocando cerca de doscientos muertos y de dos mil heridos. Por fanatismo, he visto parejas que se rompen, amistades de la infancia que se pierden, hermanos que no se tratan, etc.

El fanatismo exacerbado presenta rasgos patológicos. Los fanáticos antiestadounidenses no dejan escapar una sola oportunidad, ni siquiera una catástrofe como la de Haití, para mostrar su odio enfermizo al país que, con todos los errores que ha cometido, incluso de algunos abusos -como todas y cada una de las potencias que han habido a través de la historia-, más recursos destina para reparar calamidades como ésta y resolver conflictos, muchas veces costándole muchas vidas humanas, y en países muy distantes de su territorio.

Esta vez la catástrofe es en un país cercano, donde se le hace más fácil llegar y con una presencia mayor. En Haití, donde ya había muchos problemas, reina el caos, el pillaje, los saqueos, las violaciones a mujeres -tanto adultas como adolescentes y niñas-, los linchamientos, etc. Nada extraño, tras la fuga de más de tres mil delincuentes por el derrumbe de los muros de la Cárcel Nacional.

Hay varias imágenes de personas que han sido asesinadas en disputas por agua o comida. En una de ellas se ve a dos jóvenes atados entre sí y tiroteados. En otra, un hombre desnudo y atado, mientras era linchado en plena calle algunos lo filmaban con sus móviles. Otro fue quemado vivo por sus vecinos, sin que nadie hiciera algo por evitarlo, porque lo acusaron de estar robando.

En un país sin Gobierno, pues varios de sus ministros murieron en la tragedia, alguien tenía que poner orden en el gigantesco desastre. El primer buque importante en llegar, el portaaviones estadounidense Carl Vinson, no sólo llevó marines con armas, también 19 helicópteros, alimentos, agua y medicinas.

Además, la nave tiene tres quirófanos, sala de radiología, decenas de especialistas, que desde el primer momento atendieron a heridos y realizaron operaciones, 51 camas hospitalarias y una planta potabilizadora de agua. Desde helicópteros estadounidenses se ha lanzado agua y alimentos en zonas inaccesibles por tierra, porque las carreteras fueron destruidas por el terremoto.

He visto imágenes de marines en camiones repartiendo cajas con alimentos. Cientos de niños haitianos han sido llevados a Estados Unidos para ser curados, entregados a los padres adoptivos que ya lo habían tramitado o tramitar las adopciones para los huérfanos. Marines trabajan en la reparación del puerto de la capital, con la celeridad que la situación requiere.

Luego llegó el Comfort, un hospital flotante dotado con doce quirófanos, seiscientos médicos, más de mil camas, entre las que hay sesenta para cuidados intensivos, y cuatro potabilizadoras de agua de mar que pueden producir más de un millón de litros de agua al día. Desde que iba en camino recibía heridos que eran transportados por los helicópteros de la marina estadounidense. Se ha utilizado también la base y el hospital de Guantánamo.

También están ya en la zona los buques de transporte Gunston Hall, Carter Hall y Fort Henry, el anfibio Bataan, el buque cisterna de combustible Big Horn y cinco escampavías de la Guardia Costera. Están al llegar –seguramente cuando esto sea publicado ya habrán llegado- el crucero Bunker Hill, los buques de carga Sacagaweea y Lummus, las naves de observación oceanográfica Sumner y Henson, otra escampavía y varias naves más.

En total, más de veinte barcos, más de sesenta helicópteros, varios aviones y más de quince mil soldados. Además, están preparados varios miles más para viajar y participar en la reconstrucción del país. Además de los ya citados más de seiscientos médicos, hay también reporteros estadounidenses que son médicos y ejercen la doble función de curar e informar.

Pero los dictadores de la izquierda latinoamericana y sus lacayos, que hasta hace poco “bendecían” a Obama, más que todo por ir contra Bush -mientras destacan las ayudas de Venezuela, México, Argentina, Cuba, Bolivia, etc., todas valiosas, pero sin cuantificar ninguna de ellas y, “casualmente”, todos los países nombrados, menos México, gobernados por la izquierda-, no sólo ignoran la gran ayuda estadounidense, sin duda alguna la mayor de todas y probablemente mayor que todas las demás juntas, sino que arremeten contra su Gobierno, acusándolo de no llevar médicos sino militares y utilizar la catástrofe para invadir Haití.

Sin embargo, el más interesado de todos, el presidente haitiano, René Préval –único jefe de Estado de Haití elegido que logró terminar su mandato, entregarle el poder a su sucesor y volver a ganar unas elecciones-, dijo que “los soldados estadounidenses ayudarán a la misión de paz de la ONU a mantener el orden en las calles”.

Y ya la labor de los EEUU en Haití es alabada también por muchos reporteros procedentes de todo el mundo que se encuentran en la zona, reconociendo que hay mucho más orden –“ya la gente no se mata por la comida”, dicen- después de la llegada de los marines.

También, y a pesar de la caída de la popularidad de Obama, el presidente Zapatero, siempre pendiente de las encuestas, más populista que aquél y tradicionalmente cercano a los dictadores populistas de izquierda hispanoamericanos, todavía mantiene su particular “luna de miel” con el presidente estadounidense -más ahora, después de que lo invitó a EEUU a rezar- y declaró: “Ver helicópteros, ver marines que llevan alimentos, ponen orden y salvan vidas a mí personalmente me parece un hecho a aplaudir”.

Pero el fanatismo, además de enfermizo, es repugnante, sobre todo cuando proviene de quienes deben gobernar. Esta vez inició la andanada de improperios el dictador nicaragüense, calificando la masiva ayuda estadounidense como una invasión y una amenaza para la región.

Le siguió el dictador venezolano, que ya había rechazado la ayuda de EEUU durante la catástrofe sufrida por su país por la riada en el estado Vargas -que produjo alrededor de cincuenta mil muertos y más de trescientos mil damnificados y que todavía hoy, diez años después, muchos de ellos la siguen padeciendo-, haciendo que los barcos del país norteño, con máquinas de desescombro, personal especializado, alimentos y medicinas se devolvieran cuando ya se encontraban a mitad del camino, y que se cree el sucesor de Castro para llevar la voz cantante contra el “imperialismo yanqui”, no perdió tiempo en vomitar que el terremoto fue provocado por los norteamericanos.

Luego, otro de sus títeres, Evo Morales, probablemente respondiendo al dictado de su jefe, anunció que denunciará ante la ONU a Estados Unidos por la invasión a Haití. Repugnante es que estos sujetos cuenten con un coro de correligionarios y adulones en la región que los apoyan en todo.

Pero más repugnante aun es que la izquierda más radical de España y de Europa –políticos que representan a ciudadanos del “primer mundo” y periodistas que supuestamente deben informarnos de manera veraz e imparcial- todavía sigue a esta panda de impresentables, con la manida retórica de unos posibles intereses de Estados Unidos para quedarse como invasores en Haití.

¿Será que esta vez los gringos también pretenden “apoderarse del petróleo haitiano”? ¿O quizás “explotar las riquezas” del país más pobre de América?

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24/1/2010 (09:08 horas)
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