Contenido patrocinado
Por Fran Méndez Febles
Habitualmente, suelo comentar los artículos de mi querido amigo Óscar, en el espacio que un conocido medio digital, a través de su director, destina para ello. Pero como se me ha hecho notar alguna vez, son demasiado largos para ser un comentario. Mis pacientes lectores lo saben, la concisión no es precisamente una virtud de mis escritos. Por eso, esta vez no he hecho un extenso comentario, sino un artículo sobre el magnifico artículo que la semana pasada publicó nuestro querido profesor y columnista de opinión. Siempre le he dicho a Óscar que escribe mejor cuando lo hace desde el corazón, que cuando lo hace desde el análisis político o ideológico, pero esta vez me tengo que desdecir, y afirmar que en el valiente artículo titulado “La Gomera que no me gusta”, no sólo da una lección magistral de redacción, sino que, además, hace una disección sociológica de La Gomera impecable.
La frase que Óscar pone en boca del querido Juan García, nuestro Juanito Lilia, no puede ser un pildorazo de sinceridad más demoledora. Y lo es, porque no habrá Libertad, con mayúsculas, en La Gomera, mientras no haya libertad de establecimiento de empresas, por poner un ejemplo, o libertad de expresión por poner otro.
Querido lector: ¿Te has preguntado alguna vez porque en La Palma, ahora que está en el volcán de la noticia, hay tres grandes supermercados y en La Gomera sólo hay uno? ¿Es porque hay más población, que también, o porque hay menos licencias de apertura? ¿Es porque una sola empresa en régimen de cuasi monopolio distorsiona la libre competencia? Bueno, pues si el Ayuntamiento con la preceptiva licencia de apertura o el Cabildo, se lo permiten a esa sola empresa, y no a las demás, será porque o no hay mercado, (difícil de creer), o lo que no hay es voluntad de hacer una isla más atractiva y accesible en precios para el habitante.
A nadie en su sano juicio, se le escapa que La Gomera ha sido siempre una isla cara, pero con el llenazo de este verano, en las vacaciones de la era post-covid19, el sufrido consumidor habrá visto lo disparatado de los precios en La Gomera. Es escandaloso cómo algunas personas físicas o jurídicas tratan de hacerse muy ricos, muy pronto. No es ético, no es justo. No es de recibo el precio del combustible de automoción en La Gomera. Y lo siento por mí, pero también por mis paisanos que viven allí todo el año. Allí no hay quién viva, parafraseando una conocida serie de televisión.
Escribía el poeta de Las Palmas de Gran Canaria, Agustín Millares Sall, en unos versos a los que le puso música Taburiente:
“...El poeta es el pueblo que a morir se resiste
en la súbita noche donde todo se olvida.
Donde no hay libertad no hay poeta con vida
Ningún pájaro vuela donde el aire no existe.
Yo poeta declaro que la cólera es una
cuando hay algo que atenta contra el sol
que nos guía...”
Y, desgraciadamente, tengo que ser pájaro de mal agüero, y parafraseando a Óscar, La Gomera que nos gusta, se muere. El norte de La Gomera se muere. Y se muere por asfixia, porque no hay aire, por consunción y por la anemia que produce que a un pueblo se le pastoree, y este se deje pastorear, para comer siempre el mismo forraje, el mismo grano, el mismo pienso, en la misma gañanía, y en el mismo pesebre. Porque no nos engañemos, para que un político depredador viva, y viva muy bien, necesita que el depredado le entregue su voluntad, le entregue su personalidad. Es una relación sinalagmática, se necesita el concurso del cacique comprador de voluntades y del estómago agradecido que no le importa vender su voto, su personalidad. Y entonces volviendo a Agustín Millares se vende el alma “al demonio que ejerce la maldad noche y día”.
Hace ya más de treinta años que un gran amigo y emprendedor de y en La Gomera, pronunció unas palabras que no he olvidado: “El problema es que en La Villa hay dos ayuntamientos: el Cabildo y el Ayuntamiento, y todas las obras se hacen allá. Mientras el norte se muere”. Y si observamos atentamente el devenir de los años, todo el esfuerzo inversor se ha hecho donde la población ha crecido, especialmente en lo que por un error de orientación geográfico llamamos genéricamente “el sur”, cuando en realidad es el este, con San Sebastián, el oeste con Valle Gran Rey, y el sur con Playa de Santiago en Alajeró.
No seré yo quien revele la identidad de unos contertulios, en el marco de una reunión estival en una casa de La Gomera, donde (presuntamente) se dijo que el mamotreto que se construyó en la playa de Hermigua, en sustitución de una estupenda piscina al aire libre, supuestamente había sido por culpa de la petición por carta que un alcalde y, posteriormente, una alcaldesa habían hecho al Cabildo, y el Presidente (presuntamente), graciosamente había accedido “porque si eso era lo que pedían, pues aquí lo tenéis”. Y se hizo con un esfuerzo inversor millonario y después de quebrar una de esas empresas que tan bien han sido pastoreadas, y que se han dejado pastorear.
Y esto es lo que hay. Guste o no guste, sarna con gusto no pica. Si el pueblo de La Gomera renuncia a esferas de libertad, por ganar esferas de comodidad, y los gomeros no sabemos “buscarnos la vida” por nosotros mismos, con nuestras manos o nuestro intelecto, entonces seremos siempre un pueblo rebañiego, pero no habrá independencia, ni libertad. Cada pueblo tiene el gobierno que se merece.
Sé, de antemano, que este artículo no será acogido entre las mieles de lo políticamente correcto, pero no me importa, porque juego con ventaja, y no dependo de las graciosas concesiones de las administraciones locales. Por eso, es más de admirar que haya sido Óscar Mendoza el hombre que haya roto “la Omertà”, la ley del silencio, si bien los que son realmente valientes son aquellos gomeros que viviendo en La Gomera critican el régimen que lleva tiempo decidiendo el no futuro de la isla. Son personas que a lo mejor lo hacen desde el sectarismo, o la buena fe, que supone el haber tenido alguna vez una ideología, y que han visto cómo no hay peor astilla que la del mismo palo.
Es una práctica probada en el llamado “socialismo real”, el comunismo, que primero hay que exterminar a los socialdemócratas, y después a otros comunistas, aunque hayan sido del mismo partido. El comunismo siempre ha estado jalonado de robos y de crímenes.
Primero se sirve de empresarios amigos, después te roba la empresa, la propiedad, y si te rebelas, entonces te quita la vida.
No siempre hemos estado de acuerdo Óscar Mendoza y yo, en el análisis político, pero creo que con este magnifico artículo, lleno de buenas letras y de sentido común, ha hecho de la prosa, poesía. Porque volviendo a Agustín Millares Sall “escribir poesía es decir el estado verdadero del hombre, es cantar la verdad...
El poeta es el grito que libera la tierra
la primera montaña que divisa la aurora
la campana que toca la canción de la hora
el primer corazón que lastima la guerra
Enhorabuena y muchas gracias por gritar Libertad, Óscar.


