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Si a Carmensa le dicen que hoy, 15 de octubre, es el día de la Mujer Rural, entre la incredulidad y la espotaneidad que le caracteriza, seguramente nos regalaría una sonrisa, posteriormente una carcajada y, acto seguido, me diría que ella nunca ha celebrado un día por trabajar en el campo o con el ganado, porque siempre lo vio natural y como algo aparejado a su propia existencia y subsistencia.
Hay muchas mujeres rurales en esta isla, pero tan fuerte, extremadamente dura, vivaracha, dicharachera y simpática como ella, les aseguro, muy pocas. Carmen Armas Benítez, más conocida por "Carmensa" nació, vivió y trabajó duramente en el medio rural, al igual que su añorado Jaime, en el Hoyo del Barrio, en el pueblo de las habas, por eso a la gente del Barlovento herreño les aplicaron el gentilicio de “haberos”.
No eran tiempos de arados mecánicos, sino de guatacas, sachos, horquillas y podonas. La fuerza humana se complementaba con la de las bestias para cargar, arar, trillar y cosechar. Los cayos perpetuos en las manos de Carmensa son fiel testigo del centeno que podó, de las habas que mondó y de interminables ordeños de vacas y cabras.
A pesar de su diminuto cuerpo, algo doblegado por las tareas del campo, se resiste con 79 años recién cumplidos a colgar su bata negra con la que diariamente acude a ordeñar las cabras que sigue criando o a cuidar sus aguacates y hortalizas en la huerta al lado de su casa en Los Mocanes, en el epicentro del Valle de El Golfo.
Carmensa sigue cultivando. Si hace falta, y no tiene quien la lleve en coche, recorre los casi dos kilómetros que separan su casa de la finca que con tanto sacrificio compraron Jaime y ella en Aguanueva, donde cultivan piña tropical y plátanos, acompañados de frutales de la zona.
Jaime y Carmensa se mudaron desde el Hoyo del Barrio al Valle del Golfo inicialmente a cuidar una finca ajena, pero más tarde se hicieron con la de ellos, y les permitió construir su humilde casa y criar a una familia numerosa: Jaime el mayor y que ya no está, Carmiña, Ernesto, Sergio, y la benjamina, Alicia. Pese a las penurias de esa época, esta pareja fue de las pocas que nunca llegaron a emigrar, de las que resistieron en una época que salir se convertía en motivo de subsistencia.
En el camino de los 80 años y pese a sufrimientos familiares y el sobrecoste de una dura vida, Carmensa se levanta todos los días con la misma ilusión, con el mismo empuje, con una vitalidad que ya quisiéramos muchos, … a compaginar las tareas del hogar con el cuidado de su huerta, con echarle de comer a sus gallinas, a las cabras y a su cochino casero, evitando piensos y granos, y a la antigua usanza, con hierbas y sobras de comidas o frutas remaduras. Después viene el ordeño y la labor de hacer su pequeño queso de consumo familiar y ahumarlo, antes de colocarlo en el sendajo.
Como fiel “habera”, en época invernal coincidiendo con la recolección de la haba, preparar su comida preferida, el sancocho de habas con tocino, porque aún hoy, Carmensa sigue salando la carne blanca de su cochino, conservando en salmuera las costillas y elaborando la manteca que le sirve para preparar su rica repostería artesanal la cual he tenido el gusto de saborear: los tradicionales mantecados y galletas.
Carmensa se enterará seguramente que hoy es su día, y aprovecho con esta exposición para felicitarla y para poner en valor el de muchas Carmensas que son el fiel reflejo de la identidad del pueblo herreño, y por extensión de todas las mujeres rurales del planeta.


