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Hoy cumple 95 años, y siguiendo el mandato de los viejos que dice: «no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy», mi crónica esta vez para felicitar a mi gran amigo Genero Padrón, el del Norte, el tratante y marchante de ganado, a mi héroe supermán de El Hierro.
Muchas historias y anécdotas se esconden detrás de estos ojos vivarachos que ni el paso del tiempo son capaces de ensombrecer y menos apagar. Muchos alisios del barlovento han recorrido esa cara curtida que se resiste como la tierra reseca a que entre la reja del arado para llenarla de surcos y arrugas. Cuántos tirones en seco de animales habrán sacudido su musculoso cuerpo.
Cuántas matas de centeno, millo o tagasaste habrán pasado por sus encallecidas manos. Cuántas experiencias y vivencias felices y amargas figurarán en esa cabeza que hoy sigue muy bien amueblada y respetuosa. Agricultor y ganadero de los de secano, de los que día a día tiene que llevarles el agua al ganado y esperar a que la lluvia moje el campo. Antes todo a lomo de bestias y más tarde en su Toyota pick-up. Antes a la meseta de Nisdafe, ahora a a su rincón preferido de la montaña de Isique. Siempre un experto en animales de cría y matanza que le llevó a ejercer de lo que se conocía como "tratante de ganado" o "marchante" y exportador a los mercados de Tenerife.
Hablar de Genaro Padrón es referirse a uno de esos personajes en el que se esconde mucha sabiduría popular. Un cuerpo enorme de grandullón con un corazón aún más grande que su capacidad toráxica. Su amistad no es fingida, como la de muchas almas en pena. Por el contrario, es transparente y sincera. Los tendones que articulan sus movimientos siguen siendo ágiles, y aunque duros de nacimiento, el propio tiempo y los aconteceres de la vida los han ido esculpiendo, suavizando y ablandando.
No se impresionen si les digo que a Genaro, él bien lo sabe, le debo mucha parte de lo que hoy soy. Y lo digo con el orgullo de una persona agradecida que nunca se olvida de quién no le ha ayudado o lo hizo por intereses, aunque eso sea conciencia inservible, lastre del pasado y destinado a la papelera de reciclaje. Pero sí me acuerdo de quién me ayudó en los peores tiempos y a cambio de nada, porque ese es el verdadero material reaprovechable para el disfrute del presente y el futuro de la vida. Genaro fue uno de ellos, y de los más importantes.
Genaro es de esas personas que figura en mi árbol genealógico sin ser de la familia. Genaro es rojo como la sangre que impulsa su novenario corazón. Aunque lo de las ideologías va en declive, sigue creyendo en el socialismo puro sin cortinas ni puertas giratorias, en la justicia social, porque es y sigue siendo un hombre de palabra dada, de principios férreos y convicciones inamovibles. No le debe nada a nadie, por eso ejerce la libertad de expresión, sin embargo, nosotros sí le debemos mucho más de lo que vemos todos los días cada vez que nos tropezamos con él en el banco-mentidero del Puente en la Villa de Valverde. Genaro Padrón es un sobreviviente de los bimbapes e hijo predilecto de Hero.
Cada vez que me encuentro con él me fundo en un abrazo, y es que el cuerpo de Genaro Padrón tiene tanta historia de crecimiento y vivencias como el conocido Pino Piloto. Reconozco que nunca he llegado a rodear con mis brazos su corpulenta espalda. Lo intento pero no lo consigo, lo que si logro es recibir ese calor humano y la energía vital que solo un hombre que se nos ha hecho mayor puede desprender.
Hace unos días celebrábamos el Día de la Mujer Rural. No sé si existe el día del Hombre Rural, pero de ser así Genaro se llevaría la primera distinción porque es el mejor ejemplo del mantenimiento de la actividad ganadera en esta isla. Un hombre que le estrechas un abrazo y aún sigues tocando músculo de horas, días y años de duro y sacrificado trabajo en el campo. Genaro es rudo, tosco, fuerte, y tiene un cuerpo y una fuerza que asusta. Tras esa falsa apariencia de dureza se esconde todo lo contrario, un hombre sencillo, sensible, cercano, afectuoso y de fácil conversación.
Genaro es de esos hombres a los que uno quiere con locura, siempre te saluda diciendo "que pasa hombre" y acto seguido, y antes de continuar la conversación, pasa por apartar su bastón para alzar su gran mano seguida de un apretón que parece reactivar la circulación de tu extremidad.
Nuestro hombre, repleto de reflexiones populares, dice que hay dos tipos de saludo a la gente que te conoce y que te preguntan por tu salud, unos que te quieren de verdad y otros que lo hacen por compromiso o bien falsedad. “A los que te quieren de verdad” - según Genero- “la respuesta más apropiada es: pues mira, casi bien”. A los que no te quieren tanto, según él, siempre contestarles: “nunca he estado mejor”.
Una de las últimas reflexiones que le escuche, con motivo de la celebración de la última Bajada de la Virgen de Los Reyes, es cuando la Televisión Canaria le pregunta por sus impresiones sobre la Bajada y la fe. Él se despacha con esta frase más que ingeniosa: "que no te cobren por creer, sigue creyendo por sí acaso". Por eso y muchas cosas más, Genaro es un personaje de esta tierra herreña.
¡Salud camarada y a por muchos años viéndote sentado en el banco de las conversaciones! ¡Felicidades, Genaro!
PD. Hay un precioso reportaje realizado por el amigo Yuri Millares en su Revista Pellagofio que merece ser leído y conocer en mayor profundidad la historia de este gran hombre. Aquí tienen en enlace.


