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Por P. Acosta.
Hoy, tres días después de las elecciones, el chavismo sigue noqueado, pensando cómo fue posible que, a todo su poderoso aparato de poder de gobierno, donde legislativo, ejecutivo y judicial forman un bloque monolítico al que se le une las fuerzas armadas, por lo menos los altos mandos, agregando sus asesores cubanos y reductos del moribundo comunismo español, se lo hayan jugado de manera tan sutil y elegante.
La primera pedrada en la frente, fueron las primarias de María Corina Machado, a quien le permitieron hacer campaña para elegir candidato en la Mesa de la Unidad, en su creencia de que si salía no sería nunca contrincante electoral por estar inhabilitada, y le dejaron vía libre para recorrer el país dirigiéndose, con su verbo fácil, a las barrigas de los venezolanos, que es a quienes se habla cuando se pasa hambre.
La segunda jugada fue, ante la inhabilitación cantada de María Corina, evitar por todos los medios ,incluidas risas de oreja a oreja, que la candidata propuesta en su sustitución, Corina Yoris pudiera acceder a inscribirse como aspirante, lo que no se imaginó el régimen, es que se había inscrito un personaje nada sospechoso que se llama Edmundo González Urrutia, y mientras el chavismo se vanagloriaba de su brillante estrategia de bloquear a las “candidatas Corinas” ya le habían clavado al doctor Gonzáles Urrutia de manera suave, sin alaracas ni triunfalismos.
Durante la campaña electoral María Corina Machado con el ya candidato presidencial Edmundo González, volvió a recorrer el país, hablando de libertad, de comida, de sanidad, de agua, de luz, de educación, de gasolina, de trabajo, de emigración, mientras el chavismo se entretenía haciendo proclamas contra el fascismo internacional, defendiendo a un socialismo criollo definido por Maduro como “socialismo cristiano, socialismo del evangelio de Jesús” en donde nunca faltó la cita mística al comandante muerto, cuyo espíritu en forma de pajarito, esta vez ,no sirvió para llenar las neveras de los chavistas de las clases populares de los Cerros, en modo de “caja clap”.
El tercer golpe fue el mismo día de las elecciones publicando, sin que el todopoderoso Diosdado Cabello se enterara, las actas con los escrutinios en tiempo real ante el estupor de propios y extraños, sin capacidad de reacción por el monolítico aparato, cogiendo en pañales al propio Consejo Nacional Electoral y a su “amoroso” presidente.
En la actual situación, los comentarios generalizados le dan a María Corina una capacidad casi sobrehumana, como única responsable de la más brillante página de la historia venezolana de los últimos 25 años, y es perfectamente entendible, pero idénticos opiniones he oído hacia Leopoldo López o de Guiadó y hoy están defenestrados y considerados traidores a la patria. Por ello, lo que pasará mañana es imprevisible.
Sí está fuera de toda duda que, sea o no María Corina la pensante de tan brillante jugada, de que hoy el mundo tenga el escrutinio en su celular mientras que Maduro no encuentra el suyo, no es menos cierto que fue capaz de conformar un grupo de asesores de máximo nivel, incluyendo infiltrados dentro del propio aparato chavista y cumplir sus consejos, lo que ciertamente merece que se le considere como una líder extremadamente lista.
Así las cosas, el “Gallo Pinto” noqueado por las espuelas de María Corina, revolotea en su gallera buscando la gatera. Sus “todopoderosos cercanos” además de berrear pidiendo cárcel para María Corina y Edmundo González, son incapaces de pensar, de dar salida a la situación y repiten lo que han hecho en 2014, 2017, y 2019, que es meterle miedo a la gente en el cuerpo, cosa que va perdiendo impacto, aunque hoy se hable del nada despreciable número de 12 muertos y unas 170 personas detenidas según el Foro Penal venezolano.
Otra de las ideas que barajan, es tirar por las fuerzas armadas, pero sería el fin del fin. Y la última brillantez es judicializar el proceso, por ello, Nicolás Maduro solicitó al Tribunal Supremo que realice un peritaje a los escrutinios de las elecciones.
Esta acción lo que pretende es retrasar “sine díe” un resultado, poniendo en manos de los jueces (chavistas), agilizar o no ese supuesto evalúo, y mientras, hasta que no resuelva, (ya se sabe cuál será la sentencia) sigue en funciones como presidente de la república.
En la calle, la gente da por hecho que, salvo algún milagro, la cosa se mantendrá igual. Es una pena.


