Contenido patrocinado
Por José Francisco Armas Pérez
Se levantó temprano resabiado por madrugar. Después de ducharse con agua tibia y tomarse un café americano endulzado con estevia porque así se lo recomendó su nutricionista particular, se enfundó su terno y corbata al juego, se miró al espejo y se dijo: ¡coño, que guapo soy!, y salió despidiéndose con un gesto de su familia. El chofer ya le tenía el coche abierto y en posición.
- ¡Vamos, hoy nos toca negros!, dijo mirando el whatsApp.
El chofer, persona de extrema confianza, le respondió:
- ¡Jefe, negro es el que nos metió en semifinales!
Lo miró con la ceja levantada y no respondió. Tres horas más tarde desembarcó en la isla, y otro coche con un conductor desconocido lo recibió, y aquí no habló, solo un saludó frío y escueto, como corresponde a su autoridad.
Al llegar al lugar habilitado para tal importante encuentro, fueron todos amables y corteses, hasta cruzaron algunas bromas sobre sus particulares físicos, cuando alguien de la organización dijo:
-Señores, a lo que vinimos.
Tomaron asiento en una mesa rectangular acondicionada con agua, café y pastas, y oyeron una intervención lastimera, triste y llorosa pidiendo corresponsabilidad. Se miraron para ver quién iba a intervenir por todos ellos para terminar rápido con aquel trance, porque, al fin y al cabo, estaban hablando de negros, y el más osado dijo:
- ¡Para mi media docena ¡
- ¿Cómo ha dicho señor Presidente?
- ¡Que para mí, media docena!
-No estamos hablando de huevos señor Presidente, insistió un portavoz medio despistado entendiendo que era una broma de mal gusto, pero broma al fin.
- ¿Qué es lo que no entiende, no está claro?, respondió ya con cara de terminemos esto.
- Hablamos de niños y niñas, señor Presidente.
El visitante no respondió. Se sirvió un poco de agua, porque tan intensa y brillante intervención le dejó la boca seca, cogió una rosquilla artesanal de un platillo que tenía cerca, la examinó con recelo y tiró en la mesa.
Pensar que más o menos así se pudo desarrollar el conversatorio de los ilustres responsables públicos de las comunidades autónomas (las que hicieron el favor de asistir) en la Conferencia Sectorial de Infancia celebrada en Tenerife, da escalofríos. Pensar que más o menos se despacha así, con tal desparpajo, el drama humano más intenso y doloroso con el que nos ha tocado convivir en esta isla herreña, da pánico. Saber que en esas manos estamos, y que elementos de este calibre aspiran a gobernar países, (algunos ya gobiernan), hace desear que se tiemble de una vez los cimientos de una sociedad podrida que elige a dirigentes podridos.
Ni siquiera tuvieron la deferencia, el interés de visitar un centro de menores en Tenerife, a pesar de estar programada. Esa foto es peor que la de Colón, seguramente. ¡Una foto rodeado de africanos!¡ Qué horror!
Este proceder tan deshumanizado, tan alejado de los valores mínimos que como “personas humanas” (definición del expresidente Rajoy) deben tener, de esos valores cristianos de los que presumen, con tanto desprecio, donde su valentía solo les sirve para ser incapaces de mirar fijamente a los ojos de una madre que busca desesperada entre escombros de un cayuco a su hijo muerto, a los ojos del niño que mete su cabeza en el agua del mar para ver si en el fondo yace su hermano ahogado. Esa ingravidez emocional ante tanto sufrimiento los convierte en indignos para representar a una sociedad moderna y solidaria.
Sé que muchas veces tenemos la sensación de que vamos para atrás, que caminamos en reversa, que no se reacciona, pero vemos también con emoción como los pueblos, aparentando aletargados, salen a defender valores propios que se van configurando como sociedades cambiantes que avanzan en valores y por ello prósperas, ante el peligro de perderlos y ahí está Inglaterra con la aplastante victoria del partido laborista y el resultado días más tarde en Francia del Frente Popular.
Ahora esperamos que la torpeza bisoña no empañe a los Estados Unidos, porque, aunque son pocos todavía, ya son muchos los que hablan con su dios a través de su perro.
Me pregunto, si el interior de estas personas está tan vacío y deshumanizado. Deseo creer que no, que solo es el mercadeo para ganar unos votos que están convencidos de que conseguirán. Por eso piden flanquear el mar con la Armada Española con la valiente misión de encarar con sus cañones a unos cayucos cargados de insolidaridad, persecución y hambre, (otro Perejil) y no se les encoge un poquito el corazón, esa alma cristiana henchida de exaltado patriotismo.
El desespero por llegar al poder, el mercantilismo electoral los lleva a poner muros al campo que impida toda esperanza, un muro alto, muy alto, donde se estampen los cuerpos en su carrera desesperada cargadas de ilusión y revienten contra de él, convirtiéndose en un cementerio que no vemos porque lo impide el hormigón, pero si nos llega el olor a podrido, y lo peor, es que nos confunde, y no sabemos exactamente de qué lado del muro nos viene el tufo. ¡Es una auténtica desgracia!
El whatsApp al finalizar la reunión decía: “Vox rompe con el PP”. Inmediatamente escribió otro:
¡Presidente, cumplí tus órdenes, dije que para mí media docena!
-Ya ves, menudo lio por un puñado de negros, respondió.


