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El Hierro

GRACIAS, MERCADO VIEJO DE CHACAO

2026-05-04 07:48 · Por José Francisco Armas

Por José Francisco Armas

Por el año 2006 vinieron mis viejos desde El Hierro a visitarme a Venezuela donde trabajé unos años y un día mi padre comentó que quería ir al mercado libre de Chacao. Le respondí que no sabía dónde estaba y su respuesta fue tajante: ¡sígueme! Salí con él y llegamos frente a un portón en medio de un muro de unos ciento y pico metros de largo; se paró un instante y dijo: “Aquí está”.

Me pareció como si llevara tiempo soñando con él; que nunca más vería a su querido Mercado Libre. Entró y, sin dudarlo, se puso delante de un mostrador fabricado de mampostería con unas muescas que dividían el espacio en otros más pequeños, como de un metro. Una señora de mediana edad que vendía condimentos, huevos, yuca y cosas varias, se dirigió a él y le preguntó con su voz melodiosa:

- Mi amor, ¿necesita algo?
- Solo que me permita pasar y sentarme un momento.
- ¿Y eso porque señor?
- Porque esta fue mi mesa donde vendí cambures durante años.

Ella, muy atenta, sin pensarlo, salió y, agarrando a mi padre por el brazo, lo acompañó a pasar al sitio y se sentó. Él sacó su pañuelo blanco del bolsillo trasero del pantalón que siempre llevaba y vi que se secó las lágrimas. Allí estuvo un rato como traspuesto. Supongo que estaría repasando su época en el mercado, sus vivencias en aquel metro de mostrador, el recuerdo de sus antiguos clientes, de sus compañeros, o de cuanto le cambió la vida ser vendedor de cambures en el mercado libre de Chacao. Yo lo miré y entendí por qué se ama a este país, porque los que emigraron, que son miles, aman a Venezuela, aunque hayan regresado a la isla.

Dimos un recorrido y me iba indicando espacios (los llamaba mesas): aquí trabajó Onelio, en esta mi hermano Domingo, en aquella un muchacho de Santiago del Teide, en la de más allá vendía Juan Zamora, y así caminamos todo el mercado y comprendí que los emigrantes formaron una familia y lo siguen siendo a pesar de que intentos los hay de romper la unidad, pero como dijo el filósofo griego Demócrito, la maldad “desordena al que las comete, lo vuelve peor y lo empobrece por dentro”. Allá los que así actúan.

Cuando nos propusimos salir, comenzó a preguntar por sus amigos de antaño y, menos uno, todos los demás habían fallecido. ¡Carajo, como corre la vida!, dijo.

Ya el mercado no era el mismo que mi padre conoció. Ahora aparentaba una especie de venta desordenada de productos sin la especialización por clases o zonas que había en su época, debido a la apertura del nuevo mercado, amplio y moderno, a escasos metros.

A partir de aquel día en que acompañé a mi padre, cada vez que fui al mercado visitaba “Su Mesa “, y me imaginaba verle allí, feliz, vestido con camisa de manga corta y con su gorro como de marinero, todo de color blanco, que era el uniforme obligatorio en su época, rodeado de cambures: titiaro, manzano, guineo, topocho y colgando un peso balanza que guardo en mi casa como una reliquia; y me lo imaginaba así, porque recordaba una foto que le mandó a mi madre que todavía conservo. 

Cada vez que acompañé a alguien que me visitó en Venezuela mientras estuve, lo llevé al mercado viejo de Chacao y le indiqué con orgullo de hijo: Esta fue la mesa de mi padre, aquí vendió cambures durante años. Era mi peregrinación particular.

En este viaje que hago de visita a Venezuela (para alegría de muchos e indignación de pocos, para quienes le pido a sus dioses que me los bendigan), fui al mercado y lo encontré cerrado. Resulta que lo han demolido para construir un campo de futbol donde jugará el C.F. de Chacao, me dijeron unos vecinos.  

Yo hoy   quiero recordarle, rendirle mi particular tributo, mi agradecimiento infinito por haber servido de ancla para tantos herreños; por haber sido la vida y el lugar donde mi padre hizo “las américas” que todo emigrante añoraba; por haber dado cobijo al que buscó aliento, por haber dado trabajo al que buscó sustento.

 Ahora, si la vida quiere, veremos jugar al Club Futbol de Chacao y seguramente diremos: ese joven que patea es nieto de un emigrante herreño, tiene el estilo del paisano Pedro Febles. Estoy seguro de ello.

Gracias, mercado viejo de Chacao, por tanto.