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Esta es la continuación del artículo que escribí el pasado 18 de marzo. Decidí esperar a su jubilación para dedicarle, a través de las letras (espero que acertadas), una especie de homenaje a una persona, padre, amigo, compañero, de buen corazón, amable, currante a tope.., que ya está felizmente jubilado.
¡Ah, cómo pasa el tiempo! Aunque, como bien es cierto, suscribo las palabras del novelista británico Graham Greene (1904-1991), cuando sentenció: En el fondo de nosotros mismos siempre tenemos la misma edad. Así es, así será…
Por eso, como digo, hoy vuelvo a escribir de una persona que siempre escribe de los demás; detallista, honrado, padre y marido ejemplar, hermano insustituible…Hoy volveré a escribir de Raulito, porque, aunque el tiempo pase él seguirá siendo Raulito…
Pero hoy, como digo, el legado de Raúl Álamo padre, llevado con orgullo y perseverancia por su hijo mayor, ya lleva implícito el Don, así, con mayúscula inicial, porque Raulito ya es Don Raúl.
Para mi eterno pesar, no pude acudir a su jubilación, celebrada la semana pasada y donde acudió lo mejorcito de cada casa, y, sinceramente, me quedé apenado por no poder asistir; pero él, detallista como siempre y preocupado más por los demás que por él mismo, me llamó por teléfono para insistirme en que fuera:
- Raúl, estoy jodido, tengo fiebre, no puedo ni con mi alma, le dije, apenado.
-No importa- me contestó-vienes y estás un rato con nosotros.
- Ojalá, le dije, pero, sinceramente, no puedo ni moverme, reconocí. Te abrazaré cuando te vea, Raúl…
Por eso, Raulito, Don Raúl, te confesaré que me siento algo triste. Y es que, joder, me acostumbré a tu presencia durante décadas, a tus cuentos, chistes, certezas, sentencias…me acostumbré a tu profesionalidad y buen hacer.
Por eso, compañero, amigo…Disfruta de tu merecida jubilación, aunque sé, a ciencia cierta, que, acaso, ahora trabajarás aún más si cabe.
Y acabo con la frase que ya conoces: ¿¡Sabes que te quiero?!


